Sueños.

Un comentario

 Desde que tengo uso de razón recuerdo que siempre he sido muy, pero que muy hiperactivo, y todavía lo soy. Tengo mucha energía y mi madre me ayudó a canalizar esa energía en los deportes. Me encanta correr, voy a todas partes corriendo, corro para ir a la universidad, al entrenamiento y  cuando llego, otra vez a correr, se puede decir que fue mi primer deporte por eso mi madre me alistó en el equipo de atletismo; primero en las “carreras de fondo”.  ¡Oh, qué fabuloso que soy! He nacido para el deporte; soy bueno tanto en tierra, agua, nieve, montaña… en todos los aspectos no ha habido ningún deporte que se me resista, bueno creo que estoy fardando un poco, sé que no soy capaz de ejercer todos los deportes del mundo, es evidente, pero si me lo propongo… no quiero ni pensarlo.

       “Carreras de fondo”; parece fácil pero… ¡ojo! Son carreras de más de tres mil metros, cómo me encanta correr por el campo donde el terreno es tosco y natural; me pongo muy enérgico, competitivo sobre todo las carreras de obstáculos donde hay diferentes trabas como vallas, rías… Mi madre es muy lista, siempre dijo: “para hacer una buena casa hay que tener unos cimientos bien firmes”, por eso me alistó primero en el atletismo para tener resistencia, ¡Sí! ¡Óiganlo bien! Para ser un buen atleta hay que tener muy buen fondo y resistencia; ¡Y a mi me sobra! Hay que tener claro una cosa, yo nací para el deporte, hay que reconocerlo, siempre me imaginé que en mi vida pasada fui el primero en correr una maratón.

       Mi segundo deporte fue el fútbol; corriendo de aquí para allá, de abajo a arriba… al principio fue un caos, sin pena y sin gloria, acababa muy agotado. Aprendí a ser paciente a saber las jerarquías y las posiciones, jugaba de delantero centro pero no era puro, tendía a casi… digamos, a jugar como media punta; si había que bajar a defender se bajaba y luego volvía corriendo a mi puesto. A lo largo de los años me resultó muy monótono, no me gustó, es un deporte de equipo y yo busco un deporte donde poder lucir como una estrella.

       Encontré de casualidad la natación, al principio lo tomé como un pasatiempo donde podía relajarme, sobre todo mis músculos en donde el flujo del agua no sé cómo explicarlo, ejercen un extraño masaje reconfortante. Poco a poco empecé a competir sin darme cuenta, es un deporte individual donde he podido lucir mis dotes deportivos; pero tenía una espina clavada, me faltaba algo, hasta que descubrí lo maravilloso que es el baloncesto.

       ¡Oh, el baloncesto! Menudo deporte…lo tiene todo: carreras, saltos acrobáticos en el aire, magia en los pases, malabares con el balón, infinidad de cosas que puedes hacer. Es una maravilla, aquí descubrí que los deportes que antes había practicado tenían una larga relación con el baloncesto donde la resistencia física lo era todo, donde los saltos de longitud, las carreras de obstáculos me sirvieron para saltar más alto y la natación a ser más ágil y a moverme como pez en el agua. Gané una beca de universidad donde era un alumno mediocre pero vivía del baloncesto, me despertaba y me acostaba pensando en lo mucho que disfruto con este deporte. Duró muy poco, creo que de la noche a la mañana ya era el mejor de mi equipo, siempre me otorgaban con el premio del jugador más valioso aunque perdiéramos, no veas los pases magistrales que daba, los triples anotados con el contador casi a cero, mis piruetas en el aire de 360 grados para clavar la pelota en el aro… ahora sí que me sentía a gusto, me sentía completo.

       Ahora me encuentro en este islote pequeño… como en un sueño, explicándote una parte de mi orgullosa vida que tengo, rodeado de un lago inmenso donde todo lo que he hecho no me ha servido para nada, con el buen estado físico que tengo no puedo ir más allá de donde estoy y sé que al otro lado de la orilla me está esperando mi madre; me está llamando a pleno pulmón. No puedo ir más allá, no sé cómo hacerlo, no puedo mamá. Si esto es un sueño espantoso quiero despertarme ya, ya no quiero estar aquí, parece que no hay donde ir , estoy atascado.

       Mi madre siempre me enseñó que hay que ser paciente, saber esperar, analizar la situación, estudiarla detenidamente, y lo más importante no darse por vencido. –“En la vida puede que perdamos batallas, pero no la guerra, hijo”.- Recordé las palabras de mi madre mientras nado a la orilla, siento que cada brazada que doy, estoy más cerca de ella, cada metro que avanzo, siento su voz más próxima y cada vez se asemeja a un susurro.

       Abro los ojos, aunque todo esté borroso me tranquilizo porque sé que he llegado y mi madre está a mi lado y le puedo escuchar decir: 

-Doctor, venga mi hijo ha abierto los ojos, ha despertado.

-Es un milagro que haya despertado, no había ninguna posibilidad que despertara.- El médico me miró los ojos detenidamente con una linterna. -Si puede escucharme parpadee dos veces.- Obedecí de inmediato a lo que miré directamente a mi madre.

-Su hijo ha despertado, es una pena que un gran atleta así ponga fin a su carrera; paralizado de nariz para abajo, lo siento mucho.

-No se preocupe doctor, lo vamos a superar, ¿verdad corazón?- Me miró agarrándome la mano sin apenas sentirlo.  

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